ES NUESTRA NATURALEZA, LATE EN NUESTRAS VENAS DE SENTIRNOS DIFERENTES SIENDO TAN IGUALES...

Soy un gruñón, quejarme es algo que de alguna manera me alegra y al mismo tiempo me irrita, es un círculo vicioso, el paraíso de un cascarrabias, sin embargo no siempre estos buenos momentos llegan por sí solos, hay días en los que nada parece fuera de lugar y es entonces cuando yo pierdo el mío.

La vida tiene que tener un poco de caos, si esto no fuera de esa manera no existirían las tarjetas de crédito, los automóviles, los favores, los timbres, los despertadores, somos animales acostumbrados a saltar, a sobrepasar la barra que la vida nos muestra frente a nuestros ojos, necesitamos metas, objetivos, problemas que solucionar, porque la calma no es entretenida, no hay allí adrenalina y entonces nos invade el tedio.

Es como bien diría algún sabio popular… ni tanto que queme al santo ni tan poco que no lo alumbre, se necesita ser osado de cuando en cuando porque todos hemos querido robar un beso, cerrar un boca de un puñetazo, agarrar una nalga, fornicar en medio de la calle, acelerar en la curva y en la recta, ser el héroe y el antihéroe, a todos nos consume un pequeño odio y una pequeña esperanza.

Es nuestra naturaleza, late en nuestras venas de sentirnos diferentes siendo tan iguales, de vernos inferiores frente a nuestros miedos, superiores frente a nuestros logros y mediocres frente a nuestros sueños.

La vida, mi vida necesita ese poco de caos, ese trago de más, ese tono surrealista, ese chiste cruel, ese problema que muchos consideran innecesario pero que secretamente se anhela, esa es la cereza de cualquier pastel y sin ella se corre un peligro latente de caer en la demencia, en la más horrible de las pestes, la resignación.

Así que abrace y sonríale a su próximo inconveniente, recuerde que de los problemas han nacido sus mejores anécdotas y que las más apetecidas son aquellas en que con más dificultad ha logrado vencer los obstáculos, en la que más demonios ha enfrentado, en aquellas en las que estando completamente enlodado encontró la forma de ponerse de pie por sus propios medios.

Y la próxima vez que vea a alguien a punto de hacer algo que considera insensato apláudalo, anímelo a hacerlo, acérquelo a aquello que anhela y que además muy en el fondo de su corazón usted sabe que necesita, enfrentarse y lidiar con las consecuencias de sus actos, sentirse perseguido por la culpa, la vergüenza, necesita sentirse vivo.

Finalmente todos tenemos algo de maldad adentro y la única diferencia en si lo cree o no estará en si quiere o no aceptarlo, después de todo el ser humano es capaz del bien y el mal sin importar su sexo, edad, raza o credo, así que salgan a equivocarse, disfruten de esos errores, que el caos no es más que la cereza que corona cada tranquilidad.